Desvinculaciones con optimización fiscal

Recursos Humanos y la continuidad

Autor: Antonio Méndez

Muchas son las empresas que se ven obligadas a prescindir de empleados por diferentes motivos, existiendo una mayor incidencia de los de mayor edad, tanto por resultar normalmente menos traumática su salida del mercado de trabajo como porque la renovación de la plantilla sustituyendo a los más mayores por más jóvenes es un proceso natural. La legislación, aunque pueda no parecerlo a primera vista, ofrece una amplia gama de posibilidades desde los puntos de vista laboral y fiscal.

En primer lugar, está la cuestión de las formas legales que puede revestir la desvinculación.

Tenemos, por ejemplo, el despido colectivo cuando el número de empleados afectados en un determinado periodo supere ciertos umbrales. Aquí habrá que atender desde el procedimiento a seguir hasta los costes legales asociados (convenio especial obligatorio con la Seguridad Social a cargo empresa para mayores de 55 años, aportación al Tesoro para mayores de 50 años…), así como el tratamiento fiscal de las indemnizaciones (exención hasta unos límites, rendimiento irregular del exceso hasta otros…) y del convenio especial voluntario en su caso (ingreso y gasto).

Tenemos, igualmente, los despidos objetivos cuando no se alcancen los referidos umbrales, cuya justificación legal es fundamental (amortización del puesto de trabajo, causas técnicas, económicas, organizativas o de producción…). El tratamiento fiscal puede igualmente ser óptimo por exenciones, rendimientos irregulares, ingreso menos gasto en cuanto a convenio especial voluntario…

Por otro lado, están los despidos improcedentes, que se diferencian de los anteriores en cosas como que la instrumentación de la indemnización por la vía del pago de una prima de un seguro de rentas temporales no puede acogerse a ciertas ventajas derivadas de los “compromisos por pensiones”.

Queda, por fin, la extinción por mutuo acuerdo o baja voluntaria, no descartable ni cien por cien fiscalmente ineficiente, pues en ella hay margen para jugar con rendimientos irregulares, ingreso menos gasto en cuanto a convenio especial voluntario…

En segundo lugar, está la cuestión de la forma de abono de las compensaciones por salida, desde el pago de una sola vez al abono de una renta pasando por el fraccionamiento de pago, que también tiene su incidencia fiscal.

Y en tercer lugar está la forma de instrumentación de la compensación, desde el gasto corriente hasta el fondo interno o provisión contable pasando por el aseguramiento externo, que también tiene su incidencia a tener en cuenta.

Todo lo anterior tiene su traducción en cuestiones de diseño y de simulaciones numéricas de la salida que vale la pena tener en cuenta y realizar.

Sin olvidar, por último, las actitudes de la Agencia Tributaria y la doctrina de la Dirección General de Tributos, restrictivas por razones eminentemente recaudatorias, que se deben conocer para adaptarse a ellas, sortear escollos muchas veces aparentes y ponderar riesgos.

Como puede verse, en materia de optimización fiscal de las desvinculaciones sigue habiendo mucha tela que cortar contando con un asesoramiento especializado adecuado y experimentado.

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