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Recursos Humanos y la continuidad

Enrique Torres

La situación que hemos vivido personal y profesionalmente en los últimos 18 meses ha sido catártica. Una experiencia tremendamente intensa de la que al final toda la humanidad está obligada a indagar en sus consecuencias y, sobre todo, a extrapolar un aprendizaje. El aprendizaje no sólo queda constreñido a la esfera de lo personal (un aprendizaje que en muchas ocasiones ha venido lamentablemente acompañado por sufrimiento, desgracias y dramas) sino que también afecta y mucho a la esfera de lo profesional.

Las empresas, los empresarios y los autónomos, independientemente del sector al que pertenecen, se han enfrentado a situaciones realmente retadoras: muchos proyectos jóvenes se han quedado en el camino y otros han continuado el suyo propio, hemos visto reinventarse a grandes corporaciones, sobrevivir a pequeños proyectos empresariales personales y familiares y también hemos visto caer desde firmas emblemáticas hasta pequeñas compañías locales, regionales y multinacionales.

Hay otro apunte que es una constante en la Era Moderna, y puede que de forma más palpable a partir de los años 50 en la época de la posguerra, y es que el continuo devenir de los años que han pasado desde entonces con sus crisis, sus reformas y sus cambios han ido detallando y maquillando el rostro de un mundo que si bien conservaba detalles de la etapa anterior iba sufriendo modificaciones sustanciales, alteraciones que le iban configurando en su nueva esencia con ingredientes innovadores y desconocidos que lo han ido cambiando todo, sin visos de “volver a lo anterior”: la evolución del transporte aéreo de personas y de mercancías, el crecimiento y mejora de las comunicaciones, la interrelación entre realidades y culturas, internet, el acceso a la información, la inmediatez, la gestión de los datos y la información de manera cada vez más eficiente y transformadora, etc.

Todos esos matices, todos esos cambios han definido una nueva humanidad, ni mejor ni peor, pero desde luego diferente a la anterior en cada uno de esos estadios. Y el proceso que estamos viviendo ahora mismo por la pandemia, en el entorno profesional y especialmente en el sector terciario, define un nuevo escenario en el que ya habitamos y a partir del que, desde ahora, evolucionaremos.

Esta esencia reformada de la actualidad tiene como uno de sus componentes definitorios a la flexibilidad en las formas de trabajar: el trabajo en remoto y los modelos híbridos presenciales y a distancia empiezan a ser una constante en diferentes empresas en todo el mundo. Particularmente en España, y conforme a un estudio específico de Mercer sobre el trabajo flexible, se indica que el 86% de las compañías están desarrollando un plan de trabajo flexible y que 2/3 partes de las compañías se inclinan por la definición de un modelo híbrido para sus trabajadores.

Del mismo modo, las compañías cada vez más optan por orientar el curso de su propia historia por las opiniones de sus protagonistas y trabajadores a la hora de definir las políticas por adoptar y de identificar los pros y contras de las mismas en el proceso de su implantación. En el mundo moderno, contar con la opinión de sus propios trabajadores es una constante típica en multitud de organizaciones que adoptan y adaptan sus políticas de RRHH de conformidad con estudios específicos de “Engagement” o pulsos puntuales a su plantilla sobre temáticas organizativas y de gestión.

El rostro del mundo ya no es el mismo que era en 2019; ahora está en manos de las organizaciones reformar y adaptar sus procesos, su mentalidad y sus prácticas de gestión para adaptarse eficientemente, con ilusión e información, pero a la vez, con criterio y decisión... mejor antes que tarde.


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