Salud mental post-Covid: nuevo patrón de uso del seguro de salud

Recursos Humanos y la continuidad

Marta Gurtubay y Rafael Fernández

Si algo ha puesto de manifiesto la pandemia del Covid-19 es que la salud de las personas ha empeorado drásticamente. Y no solo su impacto en la salud física, sino también en la salud mental de la población.

La pandemia ha supuesto un cambio profundo en los hábitos diarios de las personas. Nos ha llevado a adoptar medidas de aislamiento con la consiguiente falta de conexión con la naturaleza, impactando en mayor medida a los niños y niñas. Asimismo, ha generado un cambio importante en las relaciones sociales, provocando en muchos casos situaciones de estrés, ansiedad e incluso violencia.

Las consecuencias sanitarias son alarmantes. No obstante, la ratio de profesionales en la Sanidad Pública es de 6 por cada 100.000 habitantes, tres veces menor que la media europea, según una investigación de “el Defensor del Pueblo” publicada en 2020. Teniendo en cuenta que el Sistema Público de Salud no tiene la capacidad de abarcar la demanda de servicios psicológicos en centros de atención primaria y hospitalarios, toma especial relevancia el sector sanitario privado, con la implicación de las empresas.

Por este motivo, el seguro de salud forma parte habitualmente del abanico de beneficios sociales ofrecidos por las empresas para sus empleados, siendo considerado uno de los productos estrella tanto por su naturaleza, como por la ventaja económica y fiscal que llevan asociados para los empleados y sus familias. Así, no es de extrañar que los seguros de salud hayan crecido un 4,9%, según datos de la patronal Unespa en relación con la anualidad anterior.

Con estas afirmaciones, se pone en valor este tipo de servicios que ofrecen las compañías en cuanto a atención psicológica y psiquiátrica, pero también ponen de manifiesto la necesidad de revisar y desarrollar estas coberturas ofreciendo datos reales de frecuentación y uso, revisando la posible adaptación de los baremos.

A día de hoy, existen planes con acciones presenciales y también programas online de prevención de la salud, ofrecidos por las empresas, que tratan de potenciar una vida saludable y el auto-cuidado entre sus empleados. Estas soluciones podrían ser útiles desde un punto de vista preventivo, para abordar de forma anticipada el desarrollo de una posible enfermedad, reducir el absentismo laboral -que ha aumentado significativamente en los últimos dos años-, y por último, aminorar el impacto en coste para la aseguradora con la consiguiente repercusión en el precio del seguro médico del empleado.

Finalmente, sería posible complementar este tipo de medidas con el incremento en el número de consultas incluidas y ofreciendo soluciones homogéneas ante la diversidad de patologías a las que nos enfrentamos como, por ejemplo, ansiedad, estrés, trastornos de la alimentación, acoso, violencia de género etc.

Según la Organización Mundial de la Salud, “una de cuatro personas en el mundo tiene o tendrá un problema de salud mental a lo largo de su vida, y los trastornos mentales serán la primera causa de discapacidad a nivel mundial en el año 2030”.

La Proposición de Ley General de salud mental aboga por, entre otras cosas, reforzar la efectividad del derecho a la salud en el ámbito específico de las relaciones laborales atribuyendo al empresario la protección de la salud mental de sus trabajadores. Como medida complementaria, parece conveniente una mayor inversión a nivel educativo y económico, siendo clave ofrecer una atención de salud mental de calidad de carácter integral y sobre la base de la inclusión social, dejando a un lado la estigmatización de este tipo de enfermedades.


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