Valores insustituibles

Recursos Humanos y la continuidad

Enrique Torres

Ascender y definir la pirámide moral del comportamiento humano puede tener muchas aristas, pero lo que sí debería resultar más sencillo habría de ser el dotar a esa pirámide de contenidos, de niveles y sobre todo de valores, aquellos que definen la calidad de las personas, la validez atemporal de sus comportamientos y motivaciones y la aspiración por generar espejos de certidumbre dentro de las más altas cotas éticas que pudieran encontrarse y existir.

Mucho se ha escrito y probablemente se seguirá escribiendo sobre la figura de Rafael Nadal, y digo probablemente porque un hombre de su temperamento, logros y cualidades excepcionales merece como mínimo que se escriba mucho y bueno sobre él. A los que nos gusta el deporte y particularmente el tenis, y a tantos otros que no les gusta en absoluto, nos vienen a la cabeza esos valores y características fundacionales que definen tanto los valores de Rafa como sus hazañas, muchas de ellas épicas: resiliencia, esfuerzo, sacrificio, afán de superación, humildad, cercanía, resistencia, liderazgo, trabajo en equipo, …

Las organizaciones que aspiran a dejar una impronta en los mercados en los que operan, que se plantean crecer, sobrevivir, ser mejores con y a través de sus empleados, proveedores, mercados, accionistas, directivos; aspiran entre otras cosas a hacer las cosas bien. Este calificativo tiene múltiples caras según sea interpretado bajo un prisma estratégico, operacional, comercial, financiero.

Pero hoy me gustaría resaltar, porque sin este prisma el resto de apartados y visiones pierden capacidad de conseguirse, que la calidad personal y profesional de las personas es la variable última definitoria del éxito empresarial: variable que permite combatir contra las adversidades, reconocer las oportunidades en medio de una maraña de dificultades, la que hace aspirar a conseguir mejoras en el día a día y en plazos mensuales, trimestrales y anuales, la que llega a identificar opciones de crecimiento en regiones o en zonas de “difícil acceso”, la que acepta el fracaso como una posibilidad porque permite afrontarlo cara a cara y gestionarlo, la que consigue que te levantes si te caes, la que en suma, saca lo bueno de cada situación, aprende de ella y mejora continuamente. ¿Les suena?

Hace muchos años que los primeros estudios que se elaboraron en este contexto demostraron de forma cuantitativa y cualitativa que disponer de profesionales capaces, válidos y motivados revierte directamente en los resultados empresariales.

Al igual que los bosques de árboles enormes y frondosos que pueblan la Tierra no nacieron ni crecieron en dos días, ni en dos años, así las organizaciones para reconocer, cultivar, desarrollar y motivar esta calidad definitiva han de operar con unos objetivos claros, con departamentos de RRHH poderosos con una conexión insoslayable con el proyecto corporativo durante muchos años y de ese modo:

  • Aplicar diferentes metodologías para reconocer el talento clave dentro de la organización y fuera de ella
  • Evaluar las competencias y aptitudes definitorias de esa calidad personal para potenciarla y retenerla
  • Formar y desarrollar mediante la base de esas competencias personales, el perfil que permita desarrollar los conocimientos esenciales y las competencias profesionales para su negocio
  • Consolidar una cultura de valores, conectados con el esfuerzo, el crecimiento rentable, el cumplimiento de objetivos y el desarrollo de un proyecto corporativo que sea a la vez, orgullo de aquéllos que lo integran y envidia deseable del talento por captar y por venir.

La labor que es imprescindible hacer y seguir haciendo hoy es la de proporcionar luz y taquígrafos a una filosofía corporativa que potencie a las personas, que las desarrolle para forjar grandes profesionales, para identificar y empoderar grandes líderes y que en sus manos, no haya reto que no se pueda superar, pero siempre desde una cultura que se asiente en los valores, aquéllos por los que las grandes civilizaciones que han existido, lucharon, vivieron, crecieron y triunfaron y que cuando los perdieron, se sumieron en el olvido.


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