Mercer Investments apuesta por las infraestructuras para lograr mejor rentabilidad/riesgo en fondos de pensiones

 

  • Según el estudio ‘European Asset Allocation 2020’ de Mercer, el 10% de los fondos de pensiones europeos ya posee inversión en infraestructuras no cotizadas con una exposición del 3%
  • Se prevé una inversión en infraestructuras de $3,7 billones anuales en el mundo hasta 2035: cuatro veces el PIB de España. Para acometer estas inversiones, todavía existe una demanda de capital de $5.5 billones sin cubrir que respalda la prima de rentabilidad que obtendrán las inversiones en infraestructuras.
  • PIP VI es un vehículo de inversión conservador de Mercer Investments que da acceso, cada 18 meses, a los mejores fondos de inversión de activos no cotizados, entre ellos de infraestructuras.

La mayoría de los países de la OCDE están emitiendo deuda a tipos de interés negativo o cercanos a cero. Tradicionalmente este ha sido considerado un activo libre de riesgo, pero, hoy en día, con las bajas rentabilidades que ofrece, el inversor se ve abocado a asumir más riesgo en busca de rentabilidad. Para ello, el riesgo debe estar debidamente remunerado y tener la menor correlación posible con el resto de la cartera. Dos características muy presentes en los mercados no cotizados.

 

Dentro de los mercados no cotizados hay una variedad de activos, entre ellos las infraestructuras, que o bien se financian a través de capital íntegramente privado o a través de colaboraciones publico privadas. Todos estos activos aportan predictibilidad, altas barreras de entrada, una demanda poco influenciada por el precio, baja volatilidad, baja correlación con otros activos y una protección parcial frente a la inflación. Todas estas son las ventajas que los expertos de Mercer destacaron durante la sesión virtual ‘Inversión en infraestructura no cotizada: características, proceso y vehículos’, celebrada el pasado 25 de noviembre.

 

Las infraestructuras están expuestas a una serie de “mega tendencias” que están impulsando su crecimiento: el paso de las políticas monetarias a políticas fiscales que impulsan la inversión privada; el crecimiento demográfico de la población que obliga a incrementar los niveles de urbanización; el impulso de las telecomunicaciones y la digitalización creciente que ha detonado la irrupción del Covid-19; y, las crecientes exigencias de sostenibilidad global que impulsan a los gobiernos al desarrollo energético renovable, entre otros. Todos estos factores están provocando que repunte la demanda de inversión en infraestructuras. Según diversas fuentes, de 2017 a 2035 será necesaria una inversión de 3,7 billones de dólares anuales.

 

Para un fondo de pensiones, los activos no cotizados representan una buena oportunidad para diversificar la cartera, ofrecen una relación rentabilidad riesgo muy superior a la de otros activos y unas primas de liquidez muy atractivas para compensar el largo plazo de la inversión. De hecho, según el estudio de Mercer ‘European Asset Allocation 2020’, el 10% de los fondos de pensiones europeos ya incorpora inversión en infraestructuras con una exposición del 3%.

 

Existe una demanda de capital no cubierta, por lo que la inversión ofrecerá una prima de rentabilidad para atraer inversores. Esta situación está propiciando un crecimiento gradual y constante del número de fondos de inversión, un mayor levantamiento de capital y un incremento de operaciones.

 

“Las empresas que tienen un modelo de ingresos más expuestas al ciclo económico están siendo las más afectadas por el coronavirus. Sin embargo, esperamos que esta volatilidad afecte sólo a corto plazo”, argumenta Benjamin Baumann, Director de inversiones de Mercados no Cotizados en Mercer. “Además, esperamos que algunas perturbaciones del mercado resulten en oportunidades de inversión potencialmente atractivas en el futuro”.

 

Hasta ahora, las carteras de inversores institucionales internacionales están expuestas a mercados no cotizados principalmente a través de capital privado e inmobiliario, con un 11% y un 9% de inversión media. No obstante, la demanda de activos de infraestructuras está creciendo progresivamente y ya alcanza el 4,5%. A consecuencia de la pandemia, ciertos segmentos como transporte, hostelería y turismo se han visto perjudicados, afectando negativamente a las infraestructuras que lo rodean. Por otro lado, se han visto beneficiadas las empresas del sector tecnológico, por lo que las infraestructuras de telecomunicaciones han experimentado un crecimiento exponencial.

 

Para lograr una asignación estable a infraestructuras es indispensable comprometerse de forma regular y revisar periódicamente la planificación, afirma Milagros Méndez, Directora en Mercer Investments. Para ello, Mercer Investments, pone a disposición de sus clientes cada 18 o 24 meses único vehículo de inversión.

 

Tal y como anunciamos en nuestro último estudio, Europe Asset Allocation Survey 2020, la sostenibilidad es un foco relevante en nuestras carteras, por ello aplicamos un filtro ASG a todos nuestros productos. Además, gracias a Mercer PIP VI (Private Investment Partners), los clientes de la firma pueden obtener acceso exclusivo a activos estratégicos en infraestructura de difícil acceso (iCON, Alinda, Zayo, Telxius, MANX, Cologix y Viridor, son algunos ejemplos) y con descuentos gracias al volumen de inversiones manejado por la consultora fruto de su trayectoria en este tipo de gestión desde el año 2005. Se trata de un vehículo de inversión conservador con altas rentabilidades y riesgo moderado.

 

Así, las infraestructuras nos ofrecen múltiples ventajas como una mayor rentabilidad que la deuda gubernamental, por encima de la que podamos obtener mediante la renta variable y superior a la obtenida mediante fondos líquidos en infraestructura. En términos de riesgo, estos activos muestran un mejor comportamiento frente a caídas de los mercados como la ocurrida en 2008, en la que la renta variable cayó más del doble de lo que lo hicieron las infraestructuras no cotizadas.

 

 

Sobre Mercer

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